Escribiendo desde las entrañas: Un cuarto en la azotea y El pan a secas

POSTED BY   Natalia
24/09/2014
Escribiendo desde las entrañas: Un cuarto en la azotea y El pan a secas

Un cuarto en la azotea de Ruskin Bond publicado por Automática editorial y El pan a secas de Mohamed Chukri publicado por Cabaret Voltaire, por Natalia Alonso.

No voy a negar que los libros protagonizados por adolescentes me atraen, lo mismo que aquellos en los que se muestra otra realidad distinta a la que conocemos. Pues bien, ambas premisas se dan en estas dos obras.

un_cuarto_en_la_azoteaRuskin Bond escribió Un cuarto en la azotea a los 17 años, y eso se nota. Y me gusta. Sus páginas filtran cierta inocencia, cierto asombro a la hora de mirar al mundo, y esa ‘sinfonía que se agita en la profundidad’ del joven, en palabras de Rimbaud. Como lectores asumimos esa misma perplejidad ante lo que se nos está mostrando, vamos descubriendo junto al protagonista esa India vedada, sus tradiciones y creencias a través de los variopintos personajes. Es una novela sencilla y aquí radica gran parte de su encanto. Lo que se nos cuenta es de por sí tan sugerente que sobran los adornos y florituraSe habla del amor, de la amistad, de los orígenes, de la necesidad de huir. Pero se tratan de manera tan sutil que parece que pasamos de puntillas, sin molestar. Es curioso que la India que se nos muestra esté  lejos de ser ese país donde la miseria se despliega sobre calles y ciudades como una segunda piel. Es la nostalgia del autor por su tierra (la escribió estando en Inglaterra), lo que hace que encontremos belleza en cada página, en cada cosa que se narra. Una idealización que nos estremece y subyuga.

el_pan_a_secasEl pan a secas, o El pan desnudo (en su primera traducción al castellano),  es de esos títulos que describe a la perfección todo lo que se va a narrar a continuación. El autor no se anda con chiquitas, nos muestra la realidad tal cual es, que siempre es peor de lo que nos imaginamos. El lenguaje austero, directo, hace que no nos dispersemos. Nos ancla, y nos cala haciéndonos ‘vivir el texto’. Se dice lo que se siente y eso nos hace sentirnos incómodos.  No es una novela costumbrista, de tan realista que es, da miedo.

Quién diga que los maltratadores, los borrachos y las prostitutas son iguales en todas partes, es que no ha leído estas dos novelas. Podría decirse, incluso, que se complementan. Si juntáramos una dosis de la ternura de Ruskin Bond y una de la crudeza de Mohamed Chukri, tendríamos algo parecido a un ser humano.
Tanto la medina en El pan a secas y el bazar en Un cuarto en la azotea se nos presentan, no sólo como espacios físicos donde suceden cosas, sino como un personaje más. Nos atrapan y nos seducen lo mismo que a sus protagonistas.
Aunque en ambos casos el protagonista es el propio autor, una está narrada en primera persona y otra en tercera. Un acierto en ambos casos. La distancia que da narrar en tercera persona, en el caso de Bond, evita que la ternura se convierta en cursilería, y ni qué decir tiene que la fuerza de la primera, en el caso de Chukri, está más que justificada ante la crudeza de las situaciones.

Cuando cierras las tapas de ambas novelas no puedes hacer otra cosa que suspirar. Pero el suspiro es completamente distinto entre una y otra. Tras leer El pan a secas dejas escapar el aliento largo tiempo retenido, y lo expulsas con rabia, tratando de limpiar todo aquello que se ha removido. Sin embargo, el suspiro de Un Cuarto en la azotea es prolongado, lo degustamos como el sabor de un buen mango.  Pero en ambos casos nos quedamos con el regusto de los libros que llegan, ¿al corazón o al hígado?

Si te gusta descubrir autores, profundizar en libros con poéticas diferentes y conocer gente con tu mismo interés por la literatura, echa un ojo al Club de lectura de Billar de letras, donde una vez al mes destripamos obras que consideramos imprescindibles.

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Natalia

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