Paseo literario por el París de la rive gauche (1900-1950)

POSTED BY   Natalia
18/03/2016
Paseo literario por el París de la rive gauche (1900-1950)

París era una fiestaPaseo literario por el París de la rive gauche (1900-1950), por Fernando Alonso

Dejadme utilizar el título de un ensayo de Aldous Huxley, Si mi biblioteca ardiera esta noche, para decir que, si esto ocurriera, lo primero que trataría de poner a salvo serían unas hojas de semanario que aún conservo cogidas con un clip: se trata de las cuatro entregas de París era una fiesta de Ernest Hemingway que la revista Triunfo publicó en exclusiva, en julio de 1964, a los tres años de la muerte de su autor.

En aquel momento acababa de cumplir dieciséis años y su lectura, semana a semana, me deslumbró. Aún faltaba un año para que, aprovechando una invitación familiar en la localidad cercana de Argenteuil, conociera una ciudad de la que el propio Hemingway dijo: «Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue».

Desde entonces he vuelto a París en diversas ocasiones, y en todas ellas he tratado de revivir las emociones de aquellos días y, de paso, esas otras por las que tantos artistas e intelectuales eligieron esta ciudad como residencia durante una época de su vida.

Hace pocas semanas, en noviembre de 2015, París era una fiesta se agotó en la capital francesa. La gente llevaba el libro bajo el brazo y lo dejaba entre las velas y los ramos de flores como un símbolo contra la barbarie. Ahora tengo un ejemplar sobre mi escritorio junto con otros libros de memorias que hablan de París y de esa orilla izquierda que, durante la primera mitad del siglo XX, condensó buena parte de la cultura europea y americana, cuando pareció agotarse el impulso vanguardista que hasta entonces capitalizaba la colina de Montmartre, al otro lado del río.

Fue en concreto durante el primer tercio de siglo cuando un gran número de escritores y artistas eligió el barrio de Montparnasse como lugar de residencia y trabajo. Entre ellos muchos norteamericanos, hasta el punto de que, según se ha dicho, Montparnasse se convirtió en la capital literaria de los Estados Unidos. Allí llegaban «en busca de libertad de expresión, aventuras intelectuales y pensiones baratas». Uno de los polos de reunión e intercambio cultural de la ciudad lo constituían los grandes cafés del Boulevard Montparnasse que aún existen: Le Dôme, La Rotonde, La Closerie des Lilas y, algo más tarde, La Coupole.

Con el paso del tiempo también se produjo el agotamiento de este entorno, llegó la ocupación alemana y el mundo artístico y bohemio descendió al cercano barrio de Saint-Germain. Allí, de nuevo, fueron algunos cafés como la Brasserie Lipp, el Café de Flore o Les Deux Magots, los que consiguieron reunir un buen número de escritores e intelectuales de talla internacional.

Aun cuando existía cierto grado de intercambio entre ellos, cada uno de estos cafés, tanto en Montparnasse como en Saint-Germain, tenía su propia y fiel clientela. Lo comenta el propio Hemingway: «La gente del Dôme y de La Rotonde nunca iban a La Closerie. No hubieran encontrado allí a nadie que les conociera».

Pero a Saint-Germain también llegaron muchos jóvenes que, atraídos por el ambiente de libertad que se vivió en los años posteriores a la liberación, alternaban los cafés con otros locales donde se podía beber y escuchar música de jazz en un ambiente más canalla para escándalo de la sociedad biempensante.

En ese momento ya estaba acuñada la idea que ha acompañado a la orilla izquierda del río desde finales del siglo XIX (antes sólo era l’autre côté). Porque hablar en París de rive gauche o rive droite no es hablar de un concepto geográfico. Quizá hoy sea más complicado visualizar esa diferencia, pero en la primera mitad del siglo XX las dos orillas del Sena representaban formas y modelos de vida diferentes. Con la excepción de algunos de sus barrios, la orilla derecha era el símbolo del poder, del dinero, de la cultura “establecida”, del lujo y la gente bien. Enfrente, la orilla izquierda constituía el reducto de la cultura en construcción, la Universidad, los estudiantes, la vanguardia intelectual y la bohemia.

Así las cosas, y al hilo de la reseña de tres libros de memorias: París era una fiesta de Ernest Hemingway, Rue de l’Odéon de Adrienne Monnier y Manual de Saint-Germain-des-Prés de Boris Vian, os propongo un paseo literario en el que descendamos desde Montparnasse al Sena de la mano de algunos de los personajes que dieron carácter a la orilla izquierda.

Continuará…

  • Pincha aquí para leer la reseña de París era una fiesta de Ernest Hemingway
  • Pincha aquí para leer la reseña de Rue de l’Odéon de Adrienne Monnier, publicado por Gallo Nero
  • Pincha aquí para leer la reseña de Manual de Saint-Germain-des-Prés de Boris Vian, publicado por Gallo Nero

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Natalia

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