Los últimos días de Raymond Queneau

POSTED BY   Natalia
18/02/2015
Los últimos días de Raymond Queneau

los últimos díasMis encantadores días con Queneau. Reseña de Los últimos días publicado por Gallo Nero, por Ronaldo Menéndez.

No me gustan demasiado las ‘novelas perfectas’. No sé si por prejuicios o incapacidad gustativa de mi parte, pero percibo que late en ellas cierta excesiva ‘educación’, como si el autor ensayara un millón de veces cada cosa antes de ponerla en marcha. Con esto no quiero decir que detesto el perfeccionismo en la escritura, se trata más bien de otro camino en la búsqueda de la perfección: debe de haber notas discordantes, melodías sueltas que sobresalgan y tengan su libre albedrío, que haya margen para experimentar e improvisar, como en un jamming de buen jazz. Eso, para mí, es perfecto. Y la editorial Gallo Nero, con Donatella Lanuzzi capitaneando, se ha encargado de publicar, entre grandes libros, otra gran novela. Los últimos días, de Raymond Queneau, es perfecta y genial, entra por los ojos desde la primera línea y se queda en la memoria gustativa del lector, como un vino añejo con retrogusto.

A estas alturas Raymond Queneau, autor militante del grupo OuLiPo, conserva cierto sabor ‘vintage’, en el mejor sentido, el moderno: nos habla de esas calles, esos bares y esa gente, que vivió en el París de las vanguardias, donde los escritores respetaban a los filósofos, y la Ilustración todavía no era una antigualla sino una especie de ética de vida. La gente se reunía en cafés y bares no solo para emborracharse, sino para contaminar el ambiente de poesía. Y la bohemia tenía un sentido revolucionario y explorador: andar de un lado a otro significaba que estabas ‘haciendo algo’: pensando o escribiendo eso que vaya usted a saber si unos años después no sería un gran manifiesto estético.

Pero esta novela de Queneau no es solamente bohemia parisina y espíritu cultureta: es el testimonio del chismorreo, el macarrismo, el desasosiego y la exaltada individualidad de un grupo de gentes cuyos destinos se cruzan. Al principio uno no entiende gran cosa, apenas flecos de tramas donde personajes variopintos se suceden sin que quede muy claro de qué se trata. Pero luego empieza a aflorar la perfección de la forma, porque Queneau es una de esas rarezas literarias que, además de haber sido un estudioso de las técnicas narrativas, mantuvo su frescura de genio. Y empezamos a entender que las subtramas se entrelazan, que las voces individuales hacen una novela coral donde cada nota armoniza y aporta resonancia al conjunto.

Digámoslo claro y alto: Después de las primeras cincuenta páginas la novela se vuelve inevitable. Tienes que seguir leyendo. Porque ya te has encariñado con los personajes, han cobrado tanta vida que parecen más ‘reales’ que algunos de esos amigos que nos importunan cada viernes para incurrir en unas cañas. Uno ya está en París, paladeando un pernod en el bar de esta novela, y esperando a que entre por la puerta éste o aquel, para darle las buenas tardes y empezar a enterarnos de cómo sigue su vida.

Al final uno tiene la sensación de que ha viajado. Y ya sé que el símil está un poco gastado, esto de comparar la lectura de una novela con un viaje. Digamos que el viaje a que invita Los últimos días se parece a una de esas noches que se sabe cómo empiezan, pero no cómo siguen, porque terminas en un periplo borracho de tramas y personajes entrañables. Como si, a pesar de las miserias humanas, de las pequeñas bajezas y frustraciones, no existiese el mal. Todo está narrado con tal encanto que uno vuelve a creer que merece mucho la pena vivir, dentro o fuera de esta novela.

Si te gusta descubrir autores, profundizar en libros con poéticas diferentes y conocer gente con tu mismo interés por la Literatura, echa un ojo al Club de lectura de Billar de letras, donde una vez al mes destripamos obras que consideramos imprescindibles, analizándolas desde un punto de vista técnico y formal, todo ello en un ambiente distendido de vinos y picoteo.

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Natalia

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