El lector y el texto literario, entrevista a Elvira Navarro

POSTED BY   Natalia
20/10/2014
El lector y el texto literario, entrevista a Elvira Navarro

Elvira_NavarroEn la entrevista a Elvira Navarro, escritora y editora, hablamos acerca del lector, la educación del gusto, los libros que marcan nuestras vidas, y todo lo relacionado con el complejo proceso de la lectura y su relación con la escritura. Creemos que antes que escritores, nos formamos como lectores, es por ello que en Billar de Letras cultivamos nuestro Club de Lectura, no solo como vehículo de placer, sino también como un camino fundamental en el entrenamiento literario

Billar de Letras: Siguiendo con nuestro perfil de entrevistas, debo aclararte ante todo que se trata de entrevistas temáticas, y en este caso quiero que hablemos sobre ‘el lector’. Comencemos con algo personal. He leído que en algún momento afirmaste: “Creo que lo mejor que se puede hace por el lector es no pensar en él. Mi reto es entonces ser cada vez más libre como autora”. ¿En qué sentido, exactamente, no se debe ‘pensar en el lector’?

Elvira Navarro: Es que en primer lugar no existe un lector, sino una infinidad de ellos, y todo lo más que podemos hacer es crearnos una ficción sobre ese lector. Por otra parte, todos sabemos que las grandes obras crean sus propios lectores. Si yo me pongo a pensar en esa entelequia de “el lector” y además quiero gustarle, acabaré haciendo un producto inauténtico, ajeno a mi pulsión. Lo que sí creo es que pueden condicionarnos lectores muy concretos, esto es, gente cuya opinión valoramos y que sabemos que nos va a leer. Hay que liberarse también de eso: gustar, buscar el aprobado, es secundario. Lo importante es el texto, explorar sin trabas su potencial.

BdL: Asumiendo que la ‘tiranía del lector’, entendido como un perfil determinado y un ‘intentar gustarle’, puede condicionar la libertad del escritor, te pregunto: ¿Qué peligros consideras que podría tener  —si es que los tiene— esta ‘libertad esencial’? ¿Acaso no conduce a una nueva tiranía, la del ‘gran desierto de la libertad absoluta’ a la hora de escribir?

E.N: Tal desierto no existe. Creamos condicionados en primer lugar por lo que nos interesa, pero ya he explicado en la cuestión anterior por qué de todos esos condicionantes el lector es el menos importante.

BdL: En su obra Lector in fábula, Umberto Eco estudia todo lo relacionado con esa dinámica entre el proceso de escritura y el de lectura, formulando su original teoría del ‘lector modelo’. Y plantea que todo autor tiene su ‘lector modelo’, que es una especie de arquetipo más o menos inconsciente, que se parece mucho al autor mismo como lector. O sea, escribimos para alguien que como lector se nos parece mucho: ¿Cómo sería tu lector ideal, tu ‘lector modelo’?

E.N: La pregunta incluye la respuesta: la lectora modelo soy yo misma.

BdL: Entonces: cómo eres en el rol de lectora, qué buscas en un texto, qué cosa no puede faltarle para que te guste…

E.N: Mencionaría algo muy correoso que no puede faltarle a un texto: la autenticidad. Si no se es Virginia Woolf, sino Corín Tellado, lo más honesto es escribir en la estela de Corín Tellado. Hay que reconocer lo que uno es y de dónde viene, y no quiero decir con eso que las posiciones sean inamovibles, pero sí que no se cambia de casilla fingiendo. Me molesta también que un texto evidencie unas pretensiones del autor que no vayan ligadas al texto mismo, sino al ego del autor. Se nota mucho en ciertos textos que el autor va buscando que digan de él determinadas cosas, y eso además juega en contra del texto, pues el autor no ha estado pendiente de él, sino que lo ha usado para figurar ante los lectores de una determinada forma.

BdL: Ciertos sellos editoriales, debido a lo que publican y/o los premios que otorgan, promueven cierto tipo de lectores. Ahora mismo acaban de dar el Premio Planeta: ¿Consideras que en España ‘alguien’ ha estado haciendo las cosas mal, por así decirlo, maleducando lectores?

E.N: El problema es más profundo y tiene que ver con la educación, con que en España las fronteras se cerraron con Felipe II y no se han vuelto a abrir hasta hace poco (salvo periodos de tiempo muy cortos), con la necedad promovida por el catolicismo a lo largo de unos cuantos siglos, con el escaso valor que se le concede a eso que llamamos “cultura” (quizás también porque ella misma no ha sabido generar ese valor más que estableciendo jerarquías que dejan fuera a la gente sin un alto nivel cultural), con que los planes de estudio te quitan las ganas de leer… y en fin, un largo etcétera.

BdL: El problema es más profundo, como bien dices, y estamos completamente de acuerdo, pero quiero que nos refiramos también a su superficie, a lo evidente, a la piel del problema (ahora recuerdo que Paul Valery dijo: ‘Lo más profundo es la piel’): ¿Consideras que ciertos sellos editoriales han estado ‘maleducando lectores’?

E.N: Es que tiendo a pensar que el mercado sólo obedece a su afán de ganancia, y las editoriales son empresas que están en ese juego. Me parece ingenuo pedirle a una empresa responsabilidad: todos los días vemos que no existe responsabilidad en casi ninguna empresa, y cuando la hay siempre está el peligro de que se convierta en una empresa ruinosa. Soy de la opinión de que somos nosotros quienes debemos intervenir ahí, con leyes o con lo que sea, para impedir que todo se telebasurice. Pero claro, si lo que quiere la gente es telebasura también en los libros, pues ya me contarás. Por otra parte, y vuelvo a lo que he dicho en la pregunta anterior, quizás los que estamos en el mundo de la cultura tenemos que hacer autocrítica en la medida en que ésta se ha usado para alcanzar un estatus: de ahí la caricatura del intelectual o artista que mira con desprecio a quien no está a su nivel. Eso ha hecho que mucha gente perciba todo lo que tiene que ver con la cultura como algo que les desprecia y les excluye.

BdL: Y ahora el caso contrario (y quiero pensar en las editoriales independientes): ¿Qué sellos editoriales consideras que han ido fidelizando cierto perfil de buenos lectores?

E.N: Si son viables, cabe suponer que tienen una cantera de lectores. Podríamos mencionar aquí a Periférica, Impedimenta o Caballo de Troya.

BdL: ¿Existen ‘buenos’ y ‘malos’ lectores?

E.N: Por supuesto. Sobre gustos sí hay mucho escrito, y podríamos decir que unos gustos se fundamentan en un mayor conocimiento que otros, de tal modo, y he aquí lo que es un buen lector, que se sea capaz de reconocer el mérito de un texto independientemente de que personalmente guste o no. Soy consciente de que es muy difícil determinar exactamente qué es eso de la calidad, donde además intervienen factores ideológicos; sin embargo hay en los textos ciertas cualidades que sí que son objetivables, y eso es lo que un buen lector sabe reconocer. La literatura no se reduce a la técnica, y además la buena literatura pone en jaque dicha técnica, que es también ideológica; sin embargo, que a día de hoy se supiera reconocer eso sería un gran adelanto. Desgraciadamente, lo que se tiende a pensar es que un libro es bueno porque nos ha gustado o nos ha entretenido o nos ha hecho “sentir”. Eso es lo que responde un lector medio. Es muy importante que algo nos guste, nos entretenga o nos “haga sentir”, pero eso por sí solo no hace que un libro sea bueno.

BdL: Quiero que me hables de tu formación como lectora, centrándonos en un aspecto específico: el esfuerzo. ¿Consideras que solo se debe leer aquello que nos gusta desde un primer momento, o ciertas obras y autores merecen un esfuerzo por parte del lector, en pos de determinada recompensa de aprendizaje y educación del gusto?

E.N: Me atrevería a decir que todo gusto ha pasado por un esfuerzo o aprendizaje: los sabores que consideramos buenos son los que nuestra cultura nos ha enseñado a apreciar, por ejemplo. Es necesario esforzarse para aprender, y cuando incorporamos un aprendizaje incorporamos también un determinado placer asociado a esa nueva manera que hemos aprendido.

BdL: Para ir terminando, sigamos por esta línea: ciertos libros, por así decirlo, ‘tienen su momento’. O sea, los descubrimos como lectores en determinado momento de nuestras vidas y tienen una gran influencia posterior en todo lo que escribimos o incluso en nuestra  visión del mundo. Háblame de libros que hayan tenido su ‘momento Elvira’.

E.N: Mencionaría estos: El amante de Marguerite Duras, Tiempo de cerezas de Monserrat RoigLa colmena de Camilo José Cela, Crimen y castigo y El idiota de Dostoyevski, La cartuja de Parma de Stendhal, Lo real de Belén Gopegui, Orlando de Virginia Woolf, El libro de los amores ridículos de Milan Kundera, Los detectives salvajes y 2666 de Roberto Bolaño, Proyectos de pasado de Ana Blandiana, Belinda y el monstruo de Luis Magrinyà, Ventajas de viajar en tren de Antonio Orejudo, La niña del pelo raro de David Foster Wallace, El mapa y el territorio de Michel Houellebecq, todos los cuentos de Lydia Davis, Hombres en sus horas libres y La belleza del marido de Anne Carson.

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Natalia

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